November 1, 2021

5 hábitos que pueden estar dañando tus relaciones y cómo corregirlos

Muchas veces no nos damos cuenta de como nuestra acciones y palabras se interpretan una vez que salen de nuestro cuerpo. Desde una mirada despectiva, un comentario desalentador o simplemente no prestar atención cuando nos hablan.

Aquí te muestro 5 hábitos que pueden estar dañando tu relación con los demás y como detectarlos y que hacer para corregirlos rápidamente.

#1. Criticar

Te encuentras a menudo "ayudando" a otros ofreciendo comentarios como: "Si pero.....", "Yo hubiera hecho...", "¿Por qué no hiciste esto mejor?", "Fulanito lo hizo así", entre otras.

Tu intención puede ser buena y no entiendes por que la otra persona opta una postura defensiva ante un comentario que mejoraría el resultado final. Te explico aquí por qué.

Cuando trabajamos en un proyecto, o tomamos una decisión pasamos por un proceso interno que lleva más trabajo que el que se puede apreciar desde fuera. Primero, contrastamos la decisión contra nuestros valores y nuestro sistemas de creencia, luego la pasamos por múltiples filtros que nos hagan sentir coherentes, esto incluye, nuestros miedos, inseguridades o la opinión publica. Esto puede muchas veces ser a un nivel inconsciente.

En el momento que llegamos a la decisión, creemos que es la correcta y la exponemos al exterior. Y es aquí, cuando un comentario mal entregado, se siente como un ataque personal y no como una sugerencia. Una sugerencia entregada en un mal momento y de una mala forma, se va a interpretar como una critica a nuestro proceso de pensamiento, creencias y capacidad de tomar buenas decisiones.

Te estarás preguntando, ¿Entonces, no puedo darle sugerencias a nadie? El problema no esta en la sugerencia "técnica", la asociada a la decisión, al proyecto. El problema está en la recepción que tiene la otra persona, las palabras que usas, el momento que escoges y la forma que adoptas para entregar tu sugerencia.

Recepción. ¿Está esta persona pidiendo tu opinión realmente? ¿O solo te está informando sobre su decisión o su proyecto? Un consejo no solicitado tiene gran potencial de sentirse como critica. Presta atención a la persona y lo que dice, y decide si tu opinión esta siendo requerida o no.

Palabras. Si es claro que la persona está pidiendo tu opinión o sugerencia, se impecable con tus palabras. Por ejemplo, en vez de decir: "Si pero....", inicia tu comentario desde una perspectiva positiva de la decisión... "Te felicito por haber tomado este paso". Evita utilizar palabras como "pero", "yo hubiera", "¿Por qué...?" ya que indican desaprobación o invalidación.

Momento. Analiza si el momento en el que estas entregando tu sugerencia es el apropiado. Si tu comentario es acerca de la compra de algo que no se puede deshacer, por ejemplo, un carro, una casa o una operación, mejor resérvate la sugerencia. Es muy probable que la persona solo este esperando tu entusiasmo o tu validación respecto a la decisión. Este es un buen momento para usar la precaución y elegir frases como "Me siento feliz por ti", "Felicidades, va con tu personalidad".

Forma. El tono de voz, lenguaje corporal y tu postura son parte del mensaje. Si tienes una retroalimentación difícil de entregar, cuidar de la forma es vital. Asegúrate de venir de una posición empática y compasiva. Tómate el tiempo y presta atención completamente a la persona. Esto es importante y requiere ser tratado con delicadeza. Conforta emocionalmente a la persona, y asegúrate que ambos este cómodos discutiendo la decisión o el proyecto. Separa a la persona del problema. Si no tienes el tiempo para tomar este enfoque, es mejor que agenden otro momento para hablar sobre el tema.

#2. Proyectar

"Lo que te molesta en otros, es un reflejo de lo que te molesta en ti mismo(a)".

Proyectar es el proceso de atribuir sentimientos o impulsos propios que no queremos aceptar en otra persona. Es un mecanismo de defensa comúnmente utilizado por nuestra mente para evitar enfrentar emociones o creencias sobre nosotros mismos.

La proyección permite que podamos lidiar con la característica no deseada de nosotros mismos sin tener que reconocerla.

 También sirve para crear congruencia cognitiva, ya que de alguna forma, al amplificar y magnificar estas cualidades negativas en otros, se nos hace más fácil enfrentarlas, discutirlas e incluso tratar de cambiarlas en otros. Así, percibimos que estamos haciendo algo para combatir la emoción, y obtenemos una especie de satisfacción.

Como actuamos en relación con la persona en la que estamos proyectando, puede reflejar como nos sentimos sobre nosotros mismos.

Ahora, ¿Cómo saber si estamos proyectando en otros o no? Talvez es más fácil identificar primero cuando otros están proyectando en nosotros. Aquí te muestro algunos ejemplos:

  1. Una persona constantemente duda y sospecha que puedes estar haciendo algo para engañarla, robarle o manipularla, cuando genuinamente sabes que no tienes estas intenciones.
  2. Estas en una reunión y otra persona no para de hablar sin dar espacio a otros de compartir, tú lo interrumpes. Esta persona te acusa de que no sabes escuchar y quieres ser el centro de atención.
  3. Tu jefe tiene una reacción muy fuerte cuando tú estableces limites respecto a las largas horas de trabajo, y él o ella se queja de tu falta de dedicación y compromiso.

La clave para saber si estamos proyectando es prestar atención a la intensidad de nuestra reacción ante una situación o persona. Aquí, es importante, la auto reflexión, es decir, observar la situación y nuestra reacción con desapego, curiosidad y sin juzgar la situación o a nosotros.

Identificar y trabajar la causa raíz de nuestras proyecciones puede traer grandes beneficios a nuestra paz mental, la calidad de nuestra relaciones y nuestro éxito profesional. La próxima vez que tengas una reacción intensa, pausa y prueba las siguientes estrategias:

  1. Observa tu reacción y tu comportamiento. ¿Estas poniendo toda la responsabilidad en otros? ¿Te cuesta identificar tu participación en la situación? ¿Existe un problema o lo estas creando con tu reacción?
  2. Obtén Retroalimentación. Pregúntale a alguien en quien confíes, si te ha visto proyectar o si has proyectado en él o ella alguna vez.
  3. Crea un espacio entre el estimulo y tu reacción. Cada vez que sientas una reacción emocional desproporcionada, tómate un tiempo antes de responder. Deja que la emoción se asiente y te deje ver la situación con claridad.
  4. Describe la situación solo usando hechos concretos. Describe los hechos, no tu interpretación de los hechos, no asumas. Juzga los hechos, no a la persona. "Pedro llego tarde al trabajo" no es lo mismo que "Pedro es impuntual e irresponsable".
  5. Antes de responder, reconoce cual es tu objetivo final. ¿Quieres hacer sentir mal a esta persona, hacerla pagar o vengarte? o ¿Quieres trabajar en un nuevo acuerdo o estrategia con esta persona, para evitar que el problema se repita?
  6. Responde usando la mejor versión de ti. Cual respuesta te haría sentir mejor a largo plazo. Evita la gratificación inmediata de arremeter contra la persona.

Proyectar puede ser altamente satisfactorio, ya que estamos respondiendo con la misma intensidad con la que recibimos la provocación. Requiere coraje dejar ir esta oportunidad y actuar desde un lugar superior.

#3. Personalizar.

Cuando alguien nos acusa de algo sin conocernos, se trata de ellos, no de nosotros. Pero si lo tomamos personal, es porque creemos que eso es verdad. Es porque estamos de acuerdo con lo que dijeron. 

Tomarlo personal es la expresión máxima de egoísmo. Ya que todo lo que pasa afuera de nosotros, o lo que otros dicen sobre y no dicen sobre nosotros, asumimos que se trata de “nosotros”. Creemos que somos responsable de todo y que somos el centro del universo. 

Y si esto es verdad, y esta es nuestra tendencia como humanos, quiere decir que los demás se sienten igual, que todo es sobre ellos. Por lo tanto, puedes deducir, que nada de lo que hagan los demás se trata de ti, todo se trata de ellos. 

Cuando tomamos las cosas personales, estamos asumiendo que los demás, abandonaron su mundo, para venir al nuestro a juzgarlo y criticarlo. Por lo que nuestra respuesta es, imponerle a todos los demás la reglas de nuestro mundo.  

E incluso cuando lo demás nos atacan y sabemos que es personal, es importante entender que su ataque vienen de una interpretación y una percepción interna de ellos, que no necesariamente es verdad sobre nosotros. 

Cuando tomamos algo personal, somos como una casa sin puertas, donde cualquiera puede venir e instalar su opinión o percepción y no hay control de que se acepta y que no. Perdemos poder y nos convertimos en producto de lo que cualquiera quiera hacer o provocar en nosotros consciente o inconscientemente. 

Nuestra respuesta, totalmente reactiva, es ofendernos, defendernos y atacar. Y podemos hasta sentir que es importante que cuando nos atacan, hay que defenderse. Pero obviamos pensar que para defendernos, primero tuvimos que haber aceptado el ataque. 

Para llevarlo a un extremo, imagínate que el color de tu cabello es negro, y alguien te dice que tu cabello es rubio y que es un rubio muy feo. Sabiendo que el comentario es completamente ridículo, lo más probable es que lo ignores, pienses que esta persona perdió la cabeza y sigas con tu vida. Ahora, cuando nos dicen algo que no suena tan ridículo y en realidad nos duele, aceptamos el comentario y procedemos a defendernos. 

De igual manera, tomamos personal los comentarios positivos que de alguna forma nos alimentan el ego y nos validan. La casa no tiene puertas ni para lo positivo ni lo negativo. En ambos casos, no es una buena practica. Ya que siempre la persona hará comentarios basado en lo que este pasando en su propio mundo. Al final lo que piensen los demás no debe afectar tu propia percepción de ti mismo, sino siempre vas a estar a expensas de esa aprobación o desaprobación. 

Todos las opiniones que los demás tengan de nosotros, siempre son un reflejo de ellos, no de nosotros. Es un reflejo, por ejemplo, de la forma en que nuestro comportamiento los hizo sentir, no es sobre nosotros, es sobre ellos. 

Por eso, cuando alguien se ofende con nuestras acciones, tenemos que entender que ellos decidieron tomarlo personal. No está en nuestro alcance saber que botones hemos apretado y con que intensidad, tampoco está en nuestro alcance saber si alguna de nuestras acciones será o no tomada de forma personal. 

Las personas que están en constante conflicto con otros y con el mundo, normalmente están aceptando todos los comentarios y opiniones que se les brindan. 

Si sientes que estas en esta trampa de la mente, puedes practicar los siguientes pasos: 

  1. Acéptate como ser humano. a necesidad de ser perfectos y de mostrarnos perfectos al mundo, no solo es absurda, es debilitante. Acepta lo bueno y lo malo. Conócete. De esta manera si te dicen que eres distraída, no tienes por que ofenderte. A como si te dicen que eres un genio, no tienes que engrandecerte. Tienes plena consciencia de tus cualidades como persona y reconoces cuando “decidiste” tomar algo personal y puedes escoger evitar caer en el placer culposo de aceptarlo. 
  2. Acepta a los demás. Si sabes esto de ti mismo, será más fácil ver a los demás con compasión y empatía. Ahora sabes que todos estamos en el mismo barco y sufrimos de lo mismo. Reconoce la humanidad en los otros y si alguien toma personal nuestras acciones y crea un conflicto, da un paso atrás, identifica el patrón y no participes en su reacción. 
  3. Sé tu proyecto más importante. Abraza tus imperfecciones, pero no las uses como justificación. Úsalas para crear nuevos caminos para ser mejor persona, más feliz. Por ejemplo, si sabes que eres distraído, desarrolla mecanismos donde tu distracción no afecte el logro de tus metas, o tus relaciones con los demás, puedes hacerte un experto en el manejo de tareas, hacer listas, crear recordatorios, etc. 

#4. Asumir.

Nos encanta asumir. Y luego de que asumimos, creemos que lo que asumimos es verdad. 

Normalmente tomamos un hecho, lo interpretamos con nuestra percepción del mundo, lo modificamos para que haga sentido con nuestras creencias y reaccionamos acorde a nuestra nueva versión del hecho, no al hecho en si. 

En la gran mayoría de los casos, esto crea conflictos y malos entendidos. Y se vuelve un circulo vicioso, ya que cuando nuestra respuesta llega a los otros, estos hacen el mismo proceso mental y su reacción es producto de una interpretación y modificación que desconocemos. 

Entonces se vuelve una entrega y aceptación de interpretaciones y modificaciones, y el hecho real quedo olvidado en la primera iteración. El drama creado a partir de esto, es imposible de medir. 

Escuchamos lo que queremos escuchar, vemos lo que queremos ver, y de forma muy estratégica seleccionamos y magnificamos los elementos de un hecho. Todo con el propósito de tomarlo personal, asumir y responder.

Hacemos esto tan rápido, que es increíblemente difícil ver el hecho, apreciar la realidad. Por ejemplo, si alguien no responde a nuestro correo o no devuelve nuestra llamada, inmediatamente podemos pensar que nos esta ignorando a propósito, se esta vengando por una retroalimentación que le dimos o nos esta aislando de los proyectos importantes. De aquí se desencadenan un serie infinitas de expectativas, falsas en su mayoría. De ahora en adelante, el resto de las acciones de esta persona las vamos a catalogar de sospechosas e intencionales. 

Lo mismo sucede cuando nuestro superior tiene un gesto amable con nosotros, y asumimos que lograremos una promoción o que somos el empleado favorito. Otra serie de expectativas se forman y con ellos, una gran cantidad de problemas. 

Nuestra mente necesita darle una explicación a todo lo que sucede a nuestro alrededor, y dado que es más fácil atribuirle una explicación que nos haga sentido, entonces asumimos. 

En la gran mayoría de los casos, nos daremos cuenta que asumimos cuando ya es muy tarde. El hecho se clarifica o recibimos una explicación y no nos queda de otra que aceptar que mal interpretamos todo. Salir de este hábito no es sencillo, pero es posible si pruebas lo siguiente:

  1. Clarifica. Pregunta. Parafrasea. Aunque puede sonar cansón, es mejor preguntar que asumir. Por eso cuando no entiendas algo, o la reacción inicial es negativa, mejor que pidas una aclaración. También puedes preguntar más hasta entender lo que se dijo o se pide. Y por ultimo puedes repetir en tus propias palabras y pedirle a la persona que verifique que es correcto.
  2. La historia me estoy haciendo en mi mente. Esta estrategia es muy útil durante situaciones delicadas o hirientes. Requiere que te muestres vulnerable y que confíes en la persona con la que estas comunicándote. Consiste en compartir cuál es la "historia" que tu mente creo con la información que recibió. Puede sonar algo así: "Cuando no respondiste mi correo, la historia que se creó en mi mente fue que podrías estar ignorándome porque estabas molesto por la retroalimentación que te dí". Al compartir esto en un tono calmado, ayudas al a otra persona a entender y le das la oportunidad de aclarar.
  3. Trabaja en aceptar, que el mundo no es, ni debería de ser como tu lo ves. Aceptar que nuestra lógica no es la única lógica disponible ahí afuera, y que existen personas que perciben y evalúan el mundo completamente distinto a nosotros, es extremadamente difícil. Luego apreciar que el valor y la riqueza de tal variedad en el mundo, es otro nivel. El primer paso es interiorizar que los demás son distintos y que nuestra verdad no es la única verdad viable.
  4. Practica. Practica. Practica. Conviértelo en un reto divertido y proponte no asumir nada en un cierto periodo de tiempo, y observa cuantas veces hubieras asumido algo y que tan distante estabas de la realidad. Te puedes sorprender.

#5. Escalar.

Poner en practica las sugerencias descritas anteriormente, tendrán un impacto en el manejo de conflictos y nos ayudaran a mantenerlos en un estado ganar-ganar.

Sin embargo, escalar conflictos puede convertirse en un placer, una adicción que acabamos resintiendo. Los conflictos pueden escalar si:

  • Recibimos una queja, y esta no es aceptada y resuelta de manera satisfactoria.
  • La queja es recibida con un actitud defensiva, desprecio, desdén, sarcasmo o menosprecio.
  • Usamos "Tú..." (acusaciones) en vez de "Yo..." (sentimientos).
  • Usamos un tono de voz agresivo, enojado o amenazador.
  • Involucramos a otros para que escojan partido.
  • Existe una mala relación previa.
  • Tenemos pobres habilidades de resolución de conflicto.
  • Queremos escalar la discusión.

Estar consciente de esto puede ayudarnos a evitar caer en la espiral, pero si ya la situación está creada y debemos des-escalarla, pon en practica estos pasos:

  1. Re-enfoca la atención al problema, no a los participantes. Disminuye la emoción y las amenazas percibidas. Comienza por no juzgar o criticar a la persona, invítalo a mantener el foco.
  2. Actúa como un moderador. Usando la empatía y entendiendo la lógica, punto de vista y motivaciones de la otra persona. Explica tus propia lógica, punto de vista y motivaciones reales.
  3. Instala el deseo de encontrar consenso. Encuentra puntos donde están de acuerdo y sepáralos de los puntos donde el consenso no se pudo encontrar. 
  4. Mira a través de objetivos y valores comunes. rata de encontrar una solución desde la perspectiva de objetivo de la compañia y los valores que profesan. 
  5. Involucra a los jefes. Si ninguno de los pasos anteriores funciona y aún existen puntos donde el consenso no pudo ser encontrado, documéntenlo de forma asertiva e involucren a sus superiores para que ellos decidan cual es el mejor curso de acción.

Cada uno de estos hábitos tiene un impacto negativo en nuestro desarrollo profesional y personal. Es importante reconocerlos y trabajar en una versión de nosotros que nos ayude a crear hábitos sanos. Y aunque parecen obvios y fáciles de evitar, todos están relacionados a una identificación profunda con nuestro ego y esto los convierten en monstruos difíciles de dominar.

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